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domingo, octubre 25, 2015

Haz que no parezca amor

Haz que no parezca Amor.
Que es lo que se lleva ahora.
Duelen tantas tripas en nombre de la libertad.
Tú dices libre y yo digo cobarde.
Cobarde todo aquel que no es capaz de comprometerse con el instante.
Cobarde todo aquel que no esté presente cuando el otro está desnudo y vulnerable.
Cobarde todo aquel que puso un límite desde el principio.


Yo es que no quiero nada serio.
Como si no fuera lo suficientemente serio estar dentro físicamente de otro ser humano.

Yo es que no creo en las etiquetas.
Como si ponerle nombre a las cosas fuera algo malo.

Yo es que busco pasar el rato.
Como si la vida fuera para siempre.

Hay algo tan neurótico en nuestra manera actual de relacionarnos.
Tan irrespetuoso con la vida. Tan impaciente.
Y queremos más: más picante, más gorda, más grandes, más altos, más guapas, más fuertes, más delgadas.
Nos aburrimos porque no nos soportamos a nosotros mismos.
Porque no queremos que nadie nos conozca.
Porque es más sencillo empezar de nuevo cada poco vendiendo nuestra mejor cara.
Porque es mucho más sencillo follar que limpiar lo follado.
Porque tenemos miedo a que en el fondo seamos un auténtico fraude.
A que cuando el otro arañe un poco vea que no hay nada.

Nada serio.
Y aquí seguimos rascando, cambiando cromos repetidos, poniéndonos ropa interior cara para que otros se limpien los pies al entrar.
Haciendo del Amor una servidumbre de paso.

¿No sientes a veces que tú vales más que todo eso que haces?
Que tú eres un jodido milagro.
Con tus ojos que todavía pueden ver.
Con tu pies moviéndose para llevarte al lugar que quieras.
Con tu boca capaz de dar las gracias.
Con tu piel ocupando una plaza en el mundo.
¿No sientes a veces que tú te mereces más que lo poco que te dan?
Dos besos mal pegados.
Tres minutos entre las piernas.
Cinco embestidas.
Y un WhatsApp: No me agobies.

Lo más triste es que esta sociedad ha conseguido invertir los papeles.
Ahora si dices que sientes algo, estás loco.
Es muy pronto. Muy arriesgado. Poco inteligente.
Dime tú, cómo lo haces para no sentir algo cuando lo haces.
¿Cómo se finge la vida?
Cómo se hace para que nunca parezca Amor.
Y que simplemente parezca un accidente.

Roy Galán

miércoles, agosto 18, 2010

Et in Formentera Ego

(en el frasco de este perfume unisex, aparece este poema)

Puedo sentir el crujir de los caminos de piedras
Puedo sentir la suave tirantez del agua y el sol sobre mi piel
Mientras el aire me envuelve y me susurra al oído que respire la isla.


La arena viaja sin rumbo en un soplo travieso,
Enredando mi pelo me invita a quedarme.
De los sentidos se arrastran partículas de luz
que recorren las yemas de todos los dedos del mundo.
La arena caliente.
Los ojos bañados en sal se deshacen entre los azules más imposibles.
Espiro.


El olor sigue regalándome vivir de ti.

sábado, octubre 25, 2008

Inolvidable

Amb nervis tremolosos
m'apropo al teu cos nu
ens estirem xiuxiuejant rialles,
ànimes en consonància,
pàlida llum t'il·lumina
tanco els ulls,
somnis passats m'assalten
tants fabricats
però res com
l'increible realitat!
Ruixa el meu cos de tú
vull sentir-te viva,
dansa amb mí
sota música celestial
que pagans no senten.
Mou'te com vent cridaner
fes-me oblidar la cruesa
del món mundà
cansa el meu cos
fes-me riure entremeliat,
com infant eufòric
gaudim com animalons terrenals
que temps fugitiu
acabarà la passió,
impossible l'oblit
de dansa tan plena.

......................................................

Con nervios temblorosos
me acerco a tu cuerpo desnudo
nos estiramos silbando risas,
almas en consonancia,
pálida luz te ilumina
cierro los ojos,
sueños pasados me asaltan
tantos fabricados
pero nada como
la increible realidad!
Roza mi cuerpo de ti
quiero sentirte viva,
baila conmigo
bajo música celestial
que los paganos no oyen.

Muévete como viento que ruje
hazme olvidar la crudeza
del mundo mundano
cansa mi cuerpo
hazme reir a carcajadas
como un niño eufórico
disfrutemos como animales terrenales
que el tiempo fugitivo
acabara la pasión,
imposible el olvido
de una danza tan plena.

domingo, enero 28, 2007

Adicta a tí

Adicta a tus palabras, a tus besos, a tus murmullos, a tus abrazos.
Adicta a tu sombra, a las conversaciones que manteníamos durante horas, a tu cuerpo.
Adicta a ese hombre que me hacía sentir mariposas de colores en mi piel y en mi corazón.
Adicta a tus juegos, a la educación que me dabas, a tu mirada:
mirada lasciva, mirada tierna, mirada de mil maneras pero siempre
tu mirada.

Quiero que seas adicta a mí, me decías y lo conseguiste.

Luego, distancia.

Desengancharse de tí me resulta tan difícil...
Me esfuerzo, me obligo, lo sé.
Es hora de dejar de ser adicta a ti.
Mi alma, mi cuerpo, mi ser, están empapados de tí.
Estás prendido a mi alma con ese alfiler, alfiler clavado en mis pechos
Estás sujeto en mi interior, con esa pinza vieja, usada, que sigue estando ahí, presente.
Mi mente sigue atada a tí de pies y manos
incapaz de olvidarte.
Eres mi droga, droga imposible de dejar
aunque sé que deba hacerlo.
Sigo con mi empeño pero, en el fondo,
sé que siempre seré:
adicta a tí.


© M.

viernes, noviembre 17, 2006

Madrid y sus Lágrimas

"Un, dos, tres... un., dos, tres... un, dos, tres..."
Lucía
baja rumbosa la calle Huertas pegando pequeños saltos. Atrás quedan, grabados en el pavimento, los fragmentos de obras de Zorrilla, de Cervantes, de Góngora... estamos en el barrio de las letras y Lucía parece una niña a punto de abrir un Harry Potter.

"Un, dos, tres" se repite sonriente mientras pasa por delante de la comisaría de Policía. "Un dos tres" al llegar al Paseo del Prado y torcer a la izquierda. Y cómo será el día, la noche ya, que hasta las banderas del Ministerio de Agricultura parecen acompañarla con palmas, mientras el viento hace chocar sus enganches con los postes que las sostienen.

¿De dónde saca Lucía toda este entusiasmo? De sí misma, claro está, y de un restaurante llamado "La Piconera" que queda a su izquierda y que ha estallado su vena más flamenca. "Un dos tres" parece decirle a una paloma que picotea una galleta tirada en el suelo intentando comprobar si merece la pena o no.

Normalmente Lucía tiene miedo de andar a oscuras por este paseo tan solitario pero hoy no, hoy Lucía no tiene miedo de nada salvo de que se acabe la noche. Se empieza a fijar en las pequeñas cosas, Madrid está abierto para ella y sus sentidos.

Se fija en los árboles torcidos por el viento, el olor a tormenta, sus manos que parecen pequeñas para todo lo que querría agarrar, se fija en la paloma que por fin decide llevarse la galleta hasta que un señor cruza en su camino y la pobre tiene que salir volando, soltar su comida y volver a acercarse a empezar de cero como si fuera otra galleta, otra ciudad, otra paloma...

Se fija en el señor también y, por primera vez, Lucía se asusta. Debe de tener unos treinta años, es difícil de decir, y camina como Jesús sobre el mar. Parece un espectro salido de ningún lado. Lleva unos pantalones grises empapados y una camisa mojada, un collarín en el cuello y una mirada perdida. Lo más sorprendente, sin embargo, es que lleva la mitad de la cara cubierta de espuma de afeitar. Parece salido de una de esas batallas de sprays de nieve que se dan en la Plaza Mayor en Navidades. Lucía deja de mirarle por miedo a que él la acabe mirando a ella, pero no, él no mira a los lados, sólo adelante. Cuando por fin se distancia lo suficiente, Lucía vuelve a respirar tranquila desconfiando de sus sentidos.

Lo dicho, a veces sorprendes a la ciudad, a veces la ciudad te sorprende a ti.

Lucía ya no canturrea, ni da brincos, pero sigue con una sonrisa tonta en la cara, como si volviera a casa después de un primer beso. Tiene ante sí el Museo del Prado y piensa en cruzar para subir hacia Alfonso XII. En verano, cuando está sola -y el verano en Madrid convierte a cualquiera en un solitario- suele hacer este mismo camino pero a la inversa, llega hasta la Cuesta de Moyano a mirar algunos de los tebeos que podían haber sido de su madre, se cuela en el Jardín Botánico por un roto de la verja, y se queda ahí, como en la canción, esperando a que la noche caiga. Cómo le va a explicar estas cosas a Juan. O quizás esas cosas no se explican. Ha llegado demasiado tarde a los chicos como a tantos otros sitios y ahora le toca aprender todo más deprisa. "No importa" piensa y sigue sonriendo, las primeras gotas de lluvia mojando su boca.

Agua que moja a Lucía y agua que moja a Neptuno, amenazador con su tridente, señor de las causas perdidas, envidioso de Odiseo y tantos otros ganadores astutos. Lucía le tiene cariño porque ella misma se siente una causa perdida, un patito feo. Por lo menos hasta hace una hora. Desde hace una hora se siente otra chica en otro mundo. Un mundo de lujo, de sueños, de ilusiones, de carteles de neón anunciando promesas como los que tiene ante sus ojos ahora: "Ritz", "Palace", "Villa Magna". Se imagina a las estrellas de cine y de música saliendo de sus puertas y resguardándose de la lluvia en algún rincón como en el que está ella tiritando. Qué tontería. Las estrellas de cine no tienen tiempo ni para mojarse, murmura divertida.

Se está haciendo tarde y empieza a refrescar. Lucía se lo piensa un poco y echa a correr por el paseo a oscuras mientras canta a gritos "Por tu culpa, culpita yo tengo..." tan contenta que la lluvia se confunde con sus lágrimas.


Guillermo Ortiz. Reportaje 4 de 2004. Revista Almiar.

jueves, octubre 26, 2006

Hedonismo

"Los hedonistas somos huevones a los que desde el principio, nos defrauda la vida. Pero como somos optimistas -y huevones- decidimos "quererla igual" y "disfrutar de ella con placeres".

Cualquiera podría creer que somos los amantes más febriles e incondicionales de la vida. Pero no, simplemente nos resignamos y con una sonrisa nos dedicamos a acortarla, a pasar lo más rápido posible por sobre ella.
Nos matamos a diario disfrazando aquél suicidio de Carpe Diem, de desenfreno, de viveza, de lubricidad, de éxtasis.

Los hedonistas estamos tan cagados como el resto.
Lo sabemos.
Y para olvidarlo
Fumamos, comemos, follamos, bebemos, jugamos, nos inyectamos, mentimos, amamos, sonreímos, bailamos, volvemos a fumar y otra vez follamos.

Y no tiene sentido, lo sabemos.
Por eso
Fumamos, comemos, follamos, bebemos, jugamos, nos inyectamos, mentimos, amamos, sonreímos, bailamos, volvemos a fumar y otra vez follamos.

Lo sé."

Pipilar
En Si o No

lunes, julio 31, 2006

Simplemente...

Si fuera posible morir por amor yo ya estaría muerto por ti. Si fuera posible parar en seco el mundo un instante por amor, hace tiempo que se habría detenido entero por ti.

Pero el amor no hace a la gente estúpida. Sí tonta. Pero no estúpida. Y el sueño de la razón, además de producir monstruos, produce velas, rosas, claridad y luz. Te quiero con luminosidad. Hagas lo que hagas. Estés con quien estés. Vayas con quien vayas y donde vayas. No te quiero para mí. No, ya no. Te quiero. Simplemente.

Amarte nunca me será indiferente. Y nunca te pediré nada por amarte. Ni siquiera que me permitas hacerlo. Amar calladamente es parte de mi destino. Siempre lo supe. Y no es algo triste. Sencillamente es algo que es. Sigue andando, como siempre. Sigue siendo. Tiempo, un poco de aire, y espacio. Y mañana seré nuevo. Amando. Amándote sin que te enteres.

Duerme, pequeña. Vas a ser mi princesa hasta que muera. Serena y secretamente. Porque te conocí y te amé cuando más me hacía falta amarte y conocerte.

Gracias. No te detengas. Yo no voy a hacerlo. Queda aún tanto amor...

Platinum, mil gracias por hacer de unos pensamientos comunes palabras públicas.